Un post que no podía faltar

Arlin Alberty Loforte

Una vez más, ¿Wordpress o la conexión? hicieron de las suyas y me tuvieron varias semanas sin dejarme postear nada en mi blog aun recién nacido.

Muchas son las historias por contar y los sentimientos por compartir en esta especie de diario sin secretos, aunque sí personal, porque aquí están plasmadas, a veces claramente, otras con más sutileza, mis sentimientos y deseos más íntimos, el primero de ellos: escribir, una forma ideal para comunicarme, para conversar y lo mejor de todo, para participar.

Mayo estuvo cargado de muchas emociones y otros serán los momentos en los que narraré el por qué de esta afirmación, o quién sabe y me quedo algunas como recuerdo de historias muy mías.

Lo cierto es que si le debo palabras a alguien, es a Lourdes, más allá del regalo por su día, el segundo domingo de mayo. Creo que un día es insuficiente si de agradecerle y amarla se trata.

Toda una experta en el invento en la cocina o en reconocer solo lo justo, los logros de sus nenas y recordarles siempre que los que nos cuesta y sale del esfuerzo es lo que más se valora y se quiere. Esa mujer a veces contenida en sus emociones, pero que en un abrazo puede decirte todo eso que con palabras nunca lograría.

También sé que cada quien en casa tiene a su madre perfecta, la de los regaños de infancia, los buenos consejos siempre y por las más diversas razones, y sobre todo, la de los desvelos constantes, esos que se hicieron reales desde el mismísimo momento en que nos entregaron a este mundo a veces terrible, pero otras muchas igualmente bello. Es más, creo que desde antes, justo en el instante en que supieron que lo que en un futuro seríamos nosotros, crecía en sus entrañas.

Pensé ese día en las tantas horas que dedican a pensarnos aun cuando estemos pasaditos de edad o de tamaño; para ellas nunca dejaremos de ser los niños de siempre.

Recordé a las tías, las abuelas, las madres postizas que el cariño nos gana en el lugar más insospechado, en aquellas que tienen a sus hijos lejos, algunos salvando vidas de las formas más diversas posibles, ya sea desde el amor o el deber, desde el sentido de justicia y el compromiso con el semejante, dándole a otros lo que un día ellas supieron enseñarles bien, a veces sin palabras, pero que queda prendido en la conciencia como un tatuaje eterno.

Me asaltó por sorpresa la imagen de esas que llevan sobre sus hombros el hogar, que salieron solas a darle el pecho al milagro de la vida o que simplemente dejaron de ser costilla, cambiaron la señal como bien dijo el poeta.

Pensé en Mirta, Olga, Adriana… cada una con sus historias y sin el hijo o el esposo con quien compartirlas, unas con el anhelo de poner la felicidad de sus hijos por delante de cualquier circunstancia, apoyando decisiones a veces difíciles pero igual de orgullosas por la buena obra que supieron construir, traer al mundo seres excepcionales, únicos, más allá del amor de madre que siempre tiene en su regazo el mejor de los hijos.

Otras con la añoranza de poder compartir la crianza de los suyos, solas por la fuerza en el rol tan difícil de ser mami y papi, todo en uno, cuando el corazón se hace grande en el pecho y a veces parece que va a explotar ante tantas presiones. Pero la verdad es que son extraordinariamente fuertes, y se confirma una vez más que detrás de grandes hombres siempre hay una gran mujer.

Y ella, a quien le es negada la posibilidad de ver a su esposo y  sobre todo el derecho de ser madre. El castigo es por defender a otros, por evitar muerte, por hacer de verdad un mundo mejor.

Me parecía escuchar a mi amiga Elizabeth quien me dice ya le está sonando el reloj biológico. Pensé en todas las que han querido y no pueden porque la vida a veces es injusta o porque somos más injustos los hombres y nuestra tontería infinita.

Pensé en que sí, espero tener la oportunidad al desvelo hasta el final de mis días, el hecho de dormir con un ojo abierto y el otro cerrado, a pensar por sobre todo primero en alguien que es carne de mi carne y sangre de mi sangre, y a quien un día cobijaré en mi vientre.

Para Lourdes, mi madre querida, siempre habrá un pensamiento, un deseo, el mejor de todos, y para él o ella también, a quien a veces le busco nombre pero lo más importante: ese ser que espero saber guiar, cuidar y comprender. Ojalá y la vida me dé la sabiduría para hacerlo bien.

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2 comentarios

Archivado bajo Cuba, Más

2 Respuestas a “Un post que no podía faltar

  1. guauuuuuuuuuuuuuuuuuuuu vaya regalos para Lourdes, espero pueda leer lo que su pequeña le dedicó de corazón. Excelente post, cargado de sentimiento.

  2. No te pongas bravita, pero a las madres también le tocan cosas feas, y tengo deseos de decirlas porque forman parte de la maternidad. Ellas, por ejemplo, tienen que sacarles las flemas a los bebés cuando tienen catarros, le quitan el oxiuro, se embarran una y otra vez con sus pañales, les soportan las malacrianzas cuando son pequeños y las imcomprensiones, injurias y desplantes cuando crecen, ni hablar de como aguantan los momentos de angustias que les propinamos cuando nos vamos sin decirle adónde, o nos cuando nos enfurecemos sin motivo o hacemos mal las tareas que una y otra vez nos ha repetido, o nos enamoramos de alguien que ella no cree “lo mejor”. Las madres sufren. Esa es la verdad. Por eso a ellas, todos los días, todos los minutos, todos los segundos, mi cariño.

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