El capítulo guantanamero de una santiaguera

Arlin Alberty Loforte

A Marta Cabrales Arias la conocí a través de las historias que los más experimentados hacían de los días anteriores en el periódico. Nunca la había visto, no sabía si era blanca o negra, gorda o flaca y tampoco pregunté, pero tenía la idea de una mujer muy seria y medida, con gran sentido de la responsabilidad y sobre todo valiente, como debe ser quien dirige un periódico y quiere además que sea bueno, fresco, atrevido, revolucionario…

La imagen en mi cabeza tomó forma cuando me fui hasta Santiago de Cuba a entrevistarla. Ella contaba entre las directoras del Venceremos, más mujeres que hombres por cierto, y tras sus vivencias en estos predios fui, con la curiosidad a flor de piel y la buena justificación del medio siglo del semanario.

Me recibió en su casa como a una vieja amiga, sin excesos en el trato, pero con la dosis exacta para que me sintiera cómoda hurgando en el pasado de alguien que llegó a Guantánamo tras el amor, al que siguió a todos lados, y con quien hasta hoy comparte los caminos.

Lo conoció aquí en una casa de la calle Santa Rita adonde había acudido por cuestiones familiares: “eso fue en 1976, estaba recién graduada de Licenciada en Periodismo en la Universidad de Oriente y había comenzado a trabajar en la Agencia de Información Nacional donde estuve durante siete años”, cuenta.

A esta etapa le siguió un viaje inolvidable, la experiencia única de Angola para los cubanos, que compartió con su compañero de vida: “mi desempeño profesional lo ha marcado el hecho de estar casada con un militar. Esa es la razón por la que viví en varias provincias orientales. De no haber sido así, creo que hubiera trabajado siempre en el mismo lugar”.
En 1983 llega a Guantánamo donde comienza a ejercer en la emisora CMKS, aunque asegura que nunca tuvo una inclinación especial por los medios electrónicos, no son su fuerte.

Luego pasa a la AIN aquí, donde solo estuvo un año y comienza a ser la corresponsal de TeleRebelde en Guantánamo “sin ninguna experiencia en ese medio, ni la más mínima, y sin que fuera mi elección. Respeto a la radio y a la televisión, pero dependen de un engranaje muy grande y creo que para mi ahí es donde estaba el problema, prefiero la autonomía de la prensa escrita, donde yo misma puedo llevar a cabo el proceso productivo”.

Lo que Marta no se imaginaba era que estaba a las puertas de un gran cambio: “yo soy periodista, es lo que he sabido hacer siempre, es lo mío, pero el PCC me designó al frente del Venceremos y creo que todavía me dura el susto. Era una tremenda responsabilidad, y ya te digo, no me siento una gente con dotes de cuadro, eso está muy alejado de mi personalidad”, narra con exaltación.

Recuerda que en esa etapa estaba la Política Informativa en su apogeo a raíz del Congreso del Partido, se hablaba mucho de hacer trabajos de investigación, de criticar lo mal hecho, de la necesidad de que la prensa reflejara realmente los problemas de la sociedad.

“Intentamos hacer ese periodismo un tanto diferente, que llegara a la gente, que sorprendiera… Hubo trabajos críticos que sonaron mucho, como también incomprensiones y aún así disfrutamos cantidad esa etapa”.

En las rutinas del Venceremos

Cuando comenzó, el actual semanario era diario, como también pasó por la etapa en que el periódico guantanamero era el más pequeño de Cuba, mientras se imprimía en el poligráfico Juan Marinello de esta ciudad. Recuerda a muchos que le acompañaron entonces: Mckenzie y Ocaña en el diseño; Ivo, Ramón, Trujillo y Marelis, en la corrección.

“Por allí pasaron periodistas buenísimos como Reynaldo Cedeño, Ángel León Cabrera y un grupo de jóvenes recién graduados de La Habana. En esa etapa ingresa Haydée León, que se destacó desde el comienzo y llegó el momento en que fue jefa de información y subdirectora del periódico”.

Fueron tiempos en los que se incorporaron secciones de gran impacto popular pues según Marta, siempre le gustó reflejar la vida de personas interesantes, “hay un periodista joven de Holguín a quien le oí decir que a la gente le gustaba que le contaran historias y eso es una gran verdad”. De ahí que surgiera Sencillamente gentes en la página ocho, que podía narrar las experiencias de un campesino, un artista, un médico, un obrero destacado…

“Yo disfruté mucho el periódico, se hacía con las manos, era un trabajo en equipo, tallábamos los títulos hasta encontrar el mejor. Recuerdo un titular sobre el bacheo en las calles de Guantánamo, algo así como Locura necesaria o Elogio de la locura… que tuvo sus detractores, pero creo que hay que ser un poco loco para hacer cosas buenas, y había gente que no lo entendía. Eran años de un periodismo encartonado, de frases hechas, de lugares comunes…

“Haydée era buena en eso de llegar a la gente de la forma más desenfadada, de quitarle el almidón al periodismo. A veces tenía que aguantarla porque se le iba la mano, pero soy de las que cree que es mejor aguantar a un loco, que empujar a un bobo”, recalcó entre sonrisas.

Piel adentro

Para Marta en un director no puede faltar el equilibrio, porque todo el mundo tiene alguna virtud que puede aprovecharse, ni la serenidad para enfrentar momentos tensos, gentes con características diversas, buenas, malas, y regulares, aunque insiste en que las potencialidades de los otros hay que cultivarlas:

“No puedes estar todo el tiempo penalizando, castigando, ni tampoco siempre con la complacencia. Se debe tener sentido de la justicia para llevar un colectivo en el cual, desde el punto de vista profesional, hay personas más rápidas o lentas.

“Tampoco puede confundirse amenidad con ligereza, el periodista mientras más profundo es, más domina sus temas, más investigó… tiene mayor posibilidad de crear y decir las cosas de una forma hermosa. A veces la ramplonería está en que te quedas en la superficie y creo que los cubanos estamos atiborrados de eso”.

Insiste además en que para dirigir un colectivo es necesario saber hacer lo que estás pidiendo, ser capaz de escribir cómo lo estás exigiendo, pues cuando escribes de una forma amena, agradable, con profundidad, la gente te sigue. “Hay que huir del aburrimiento, eso que a veces en los periódicos provinciales nos hace tanto daño”, explica.

Dice esta santiaguera de Contramaestre que dentro de su capítulo guantanamero, de 1983 hasta 1994, en pleno Período Especial, la etapa que más disfrutó fue la del periódico, convulsa por todos los cambios y también por la situación económica que enfrentaba el país.

“Eran momentos en los que andábamos la ciudad en bicicleta y se afrontaban muchas carencias. Allí transcurrió la infancia de mi único hijo, pero sin dudas, mi paso por Guantánamo fue fecundo”.

Hoy Marta se desempeña como corresponsal de Prensa Latina en Santiago de Cuba. “Ahora estoy aquí en la Ciudad Héroe, en el punto de partida. Regresé pues mi apego a esta provincia dura y va a durar siempre. A mí me entierran en Santa Ifigenia, yo no tengo opción”, concluyó.

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3 comentarios

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3 Respuestas a “El capítulo guantanamero de una santiaguera

  1. Interesante, hace unos día le vi por facebook lo que no me dió tiempo para una invitación, buen capítulo guantanamero para esa santiaguera, y mejor por la periodista que pudo desentrañar la historia y sacarla a la luz.

  2. Marta Cabrales es un verdadera dama del periodismo. Seria sin torpezas. profunda sin aspavientos. Generosa para con los demás y como olvidada de si misma. Encontrarla a ella al frente del Veneceremos cuando yo apenas comenzaba y ne medio de muchas carencias, fue una suerte. Es dulce ver como recuerda mi efimero paso por allí. Ella es una de las profesionales del medio quee mas quiero. Justa esta entrevista. Lo merece-. Te felicito.,

    Reinaldo Cedeñor

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