La Caridad en mis deseos

Arlin Alberty Loforte

Casi me atrevo a asegurar que hasta el cubano que se dice ateo o agnóstico, mira al cielo cuando está en aprietos y exclama en busca de alivio: ¡Virgen de la Caridad! Es que más que religión, el culto a la patrona de Cuba, Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, es parte de la idiosincrasia, de la cultura de los que nacimos en esta tierra.
La madre venerada, mambisa de piel mestiza mostró su imagen por primera vez un 8 de septiembre hace ya 400 años. Salió de entre las aguas de la Bahía de Nipe para resguardar de la tormenta a tres hombres, que compartían un mismo bote en el mar, la embarcación que la trajera a tierra firme para que ya nunca más Cuba fuera la misma.
Hoy descansa como una reliquia en el santuario de El Cobre, en suelo santiaguero, de hombres bravos y justos, sobre todo si de defender la Patria se trata.
Dicen algunos que Santiago de Cuba lleva la historia en las venas y que los hechos más insólitos tuvieron como su hogar a esa ciudad, porque desde las minas de El Cobre, hasta donde llegan cubanos de toda la Isla con las ofrendas más insospechadas, Ella, Cachita, daba si bendición a las causas justas y las guarecía bajo su manto dorado.
En Cuba se venera tanto a la madre de Jesús, con sus iguales bajo los nombres de Guadalupe, Lourdes, Fátima y Pilar, también patronas en otras partes del mundo, como a la sensual Ochún que nos legara el sincretismo religioso, con su paño amarillo en la cabeza, madrina de las mujeres coquetas, esa que vive en los ríos y prefiere los girasoles y la dulzura de la miel.
Como sea, todo este ajiaco se cocina desde la Punta de Maisí hasta el cabo de San Antonio, con Avemarías o toques de tambor. Lo que de seguro Caridad, como buena madre, llena de gracia intercede por sus hijos y los libra de todo mal.
Hoy por la calle Paseo de mi ciudad y hasta la catedral, en el parque José Martí, muchos guantanameros, creyentes o no, fueron a verla pasar, a hacerle una petición o a agradecerle, unas veces sumidos en la fe, otras, algo más escépticos. A Ella acudía un pueblo que sabe bien el significado de caridad, de compartir lo poco y hacerlo sin esperar recompensa alguna a cambio.
Con María, Cachita y Ochún, comparto entonces mis deseos que se resguardan bajo la fe en el mejoramiento humano: quiero que mi Isla-nave mantenga su rumbo como hasta hoy, el de las causas justas, el que solo sabe ser con todos y para el bien de todos, premisa de vida que compartieran Martí y Jesús, cada quien en su tiempo.
Quiero que a esta Isla no le falte la modestia, ni la salud para poder ir en ayuda del prójimo; y que la felicidad sea para cada uno de los cubanos. Amen a los otros como a sí mismos. Amen.

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3 comentarios

Archivado bajo Cuba, Cultura, Más, Sociales

3 Respuestas a “La Caridad en mis deseos

  1. michi asi es la Virgen de la caridad es símbolo de la patria, es pro eso que vemos a muchos ese dia vestidos de amarillo y con cakes como si fueran para un cumpleaños . un beso

  2. Por eso había tanta gente en la calle. Todo buen cubano o cubana tiene su creencia, cualquiera que sea, pero respeta a nuestra Virgen, a esas que nos acompaña desde hace tantos años, y que mueve masas a su paso y da esperanzas a muchos. Espero tu foto.

  3. Lorenzo Crespo Silveira

    cada día son más los que se suman en pos de la esperanza… lo que suele ser siempre un lindo acto.

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