Mi abuelo, la Base, el mar…

Arlin Alberty Loforte
Mi abuelo Pirolo era un hombre de mar. No porque fuera marinero ni pescador de oficio, aunque más de una vez siendo niño tuvo que salir con un hilo a esperar que picara algo para poder comer en casa, en la ciudad de sus añoranzas, la Gibara de la silla y los cangrejos.
Mi abuelo era un hombre de mar porque amaba el azul, el olor a salitre, los barcos y la playa que lo vio nacer en uno de los municipios más hermosos de Holguín. Pero los tiempos eran duros y había que trabajar desde temprano. Con siete años comenzó de ayudante en un taller de carpintería. Su madre y sus hermanas necesitaban que el hombre de casa, al que le decían “gato amarillo” por el color claro de su pelo, comenzara a preocuparse por el sustento de la familia, aún cuando los estudios no fueran los suficientes; tampoco era lo importante, se debía servir la mesa primero.
Y sus manos pequeñas comenzaron a ennoblecer la madera, comenzó a hacerse en el arte del carpintero, del ebanista, que para sorpresa de todos aprendió a leer y a escribir, adoraba los libros buenos y conocía de música clásica como un experto.
Mas lo vital era que desde temprano estaba creciendo en él un hombre bueno, que tuvo que levantar el vuelo y dejar el hogar a los 14, porque había que probar suerte, no existían opciones.
Corrían entonces años de gobiernos de turno y terratenientes, años de desempleo y analfabetismo, de insalubridad, de bares y prostíbulos también.

Hasta La Habana llegó haciéndose su suerte. Y fue pelotero porque era bueno al bate y tenía piernas rápidas, y eso le daba lo indispensable para vivir. Y se enteró entonces que en Guantánamo, al otro extremo de la Isla, había opciones de trabajo. Los gringos necesitaban obreros que mantuvieran sus barcos y su base en tierra cubana, tierra usurpada, que no era suya ni en ese entonces y menos en este.
Así conoció Caimanera y la Base Naval norteamericana a la entrada de la bahía, los 117,6 kilómetros cuadrados que no son mi Guantánamo como algunos allende los mares creen, como tampoco aquel de los marines que se creían que todas las cubanas eran “mujeres de la vida”, o ese de las llamadas “zonas de tolerancia”. Más de un horror puede contarse.
Ahora todo eso es historia, una parte oscura y dolorosa, pero historia que no se debe olvidar, así no se mirará al pasado con nostalgias de unos tiempos que algunos se empeñan en vendernos como los mejores, cuando nunca lo fueron.
Así llegó además otro idioma a su vida, aunque siempre dijera que como el español ninguno. Y se convirtió en plantillero de las piezas de madera que luego se fundirían en metales para reparar los buques.
Y casi deja su vida allí, cuando en las obras del alcantarillado en la Base una enorme tubería le cayera encima fracturándole el fémur. El arco más pronunciado en la pierna, un leve dolor permanente y las cicatrices de entonces, le hacían recordarlo con frecuencia.
También conoció Boquerón y el cayo donde vivía Melba. Con ella vino el amor y luego la familia que fuera suya. Y con el 59 llegó el Triunfo que cambiaría todo, y las seguridades de una vida nueva.
Tiempo después sufrió los despidos en masa del que fuera, luego de las afamadas cruzadas contra el terrorismo en los “oscuros rincones del planeta”, un centro de torturas, una cárcel siniestra e injusta, como tantas otras injusticias respaldadas bajo el sello de los marines del águila y las estrellas.
Mi abuelo fue un hombre de bien, con un sentido del humor extraordinario y una sabiduría e inteligencia innatas, que enriqueciera en cada uno de sus 93 años vividos.
Mi abuelo fue un carpintero que escuchaba a Mozart y bailaba con Van Van, y que junto a los tiempos de Revolución vio crecer en sus hijos y nietos lo que en él no pudo ser, por nacer en una casa humilde, en esos tiempos que algunos, desde la ignorancia y la pobreza de espíritu, quieren hacer volver a esta Isla.
Pero ya este gran barco zarpó en busca de su sueño, se hizo su rumbo con todos y para el bien de todos. Creo que ahora y mucho después, para el futuro nuestro, no hay vuelta atrás posible.

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3 comentarios

Archivado bajo Cuba, Más, Política, Sociales

3 Respuestas a “Mi abuelo, la Base, el mar…

  1. que historia tan linda y triste la de tu abuelo michi, me erizaste porque está escrito con la sensibilidad y la sencillez de una historia real tan compleja a la vez. gracias por escribir así y compartirlo. un beso

  2. Yisel Gonzalez

    Tu historia me conmovió, según leía me involucraba cada vez má en ella, sigue escribiendo y contando así. Suerte…..

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