Barbados: Como para nunca olvidar…

Por Arlin ALBERTY LOFORTE
La noticia corría de boca en boca. Unos se ponían las manos en la cabeza, otros en el rostro para ocultar las lágrimas de dolor o de rabia. No era una historia de ficción al estilo de las películas del sábado. El hecho fue real: un avión cubano se había caído al mar, blanco de un ataque terrorista. Dos explosiones lo hacían precipitarse con 73 personas a bordo.
El mar azul en las costas de Barbados, el 6 de octubre de 1976, se teñía de rojo y de vergüenza también.
Un grito desesperado retumba todavía en los oídos de Cuba: ¡Esos es peor, pégate al agua Felo, pégate al agua!
Y suena más fuerte porque no se ha hecho justicia. Porque Posada Carriles no ha pagado su culpa, y Orlando Bosch ya nunca la pagará, aunque algunos les quede el consuelo de que está ardiendo en el infierno.
Para las familias de los 57 cubanos, 11 guyaneses y cinco coreanos que venían en la aeronave CU-455 de Cubana de Aviación, no es suficiente, como tampoco para las más de tres mil víctimas de actos de Terrorismo de Estado contra esta Isla.
Así quedaban muchas historias por contar, glorias por recoger al calor de los combates con la esgrima de los jóvenes deportistas, que venían de arrasar en el Campeonato Centroamericano y del Caribe, vidas por traer al mundo y más, cuando se está comenzando.
Y el monstruo que se resguarda en Miami dice dormir como un bebé y es peor escuchar que: ¡Ahí, solo venían cuatro negritas!, en total irrespeto por el ser humano, por la existencia.
Mientras, el gobierno de Estados Unidos se ponía en la mira del mundo cuando impide que tal horror no fuera examinado en el Consejo de Seguridad, a la vez que acoge a la Fundación Cubano Americana en su territorio, le ayuda y financia por muchos caminos.
Y en su afán de salvaguarda del mundo, que hace explotar bombas y se inventa guerras para mantener su millonario negocio armamentista, hace listas de “oscuros rincones” del planeta y de países patrocinadores del terrorismo, en las que incluye a esta Isla del Caribe, que tiene en el cuerpo visibles huellas de horror y de violencia, por querer hacerse un camino propio, con todos y para el bien de todos.
Las miserias humanas pueden ser muchas. La mentira a veces puede llegar lejos, recorrer 14 años, apresar a hombres inocentes, martirizar familias enteras. Pero mientras más se miente, más poderosa se alza la verdad, la cuestión es que los hombres de buena fe sepan hacerla escuchar.
Cinco cubanos, padres de familia, amores de una mujer que espera o de una madre que aguarda con intensos abrazos que por ahora estrechan el aire, se convierten en héroes de carne y hueso, no como los súpermanes que el sistema capitalista vende, sino los que se sacrifican por resguardar a su gente del sufrimiento y hasta la muerte, en manos de la violencia.
Algún día la historia se hará cargo de hacer justicia. Un pueblo enérgico y viril aún llora, pero no deja de luchar por la verdad, por el amor.

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Archivado bajo Cuba, Más, Política, Terrorismo

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