¡Eso habría que verlo, Elpidio!

Cuando conocí a Elpidio Ramírez Londres se me llenó el día de esperanzas. El pasado 16 de noviembre este carismático guantanamero cumplía 113 años. Pues si, leyó usted muy bien, 113, y todo indica que en verdad aspira a formar parte del club de los 120 años.

En el 15 Sur entre 7 y 8 Oeste tiene su casa y a nuestra llegada estaba lista la fiesta que varios de sus hijos (16), nietos (87), bisnietos (65), tataranietos (14) y más (6), habían organizado para el horcón de la familia.

Con un short largo de mezclilla, desmangada, gorra y zapatos deportivos, había recibido 13 años luego de pasada la centuria –ya de por si tremendo average- a este hombre al que solo se le afectó la audición, pero tiene una muy buena memoria y no padece de enfermedades crónicas.

Al vernos en su casa y tras la presentación que su hijo menor Antonio Ramírez nos hiciera, me acerco a su oído y le agradezco que nos reciba y comienza a salir mi curiosidad disimulada con el disfraz del oficio periodístico.

Me contó que nació en el 1900 en Veguita del Sur, Imías, y que hizo de todo un poco: trabajó la tierra, dejó su huella aserrando madera, cuidó ganado y también tuvo un arria de mulos.

“Eran siete” –recuerda- y con ellos transportó con la ayuda de tres de sus hijos mayores, viandas y otros alimentos a los rebeldes en la zona de La Melba, antes del triunfo de la Revolución. Eran tiempos en los que en las lomas hubo muchos héroes anónimos que apoyaron la causa de los barbudos.

Los ojos rasgados de Elpidio, anuncian alguna ascendencia asiática y en efecto, sus hijos dicen que uno de los bisabuelos había venido de Asia y como tantos otros decidieron hacer vida en la Isla del Caribe.

Su yerna Georgelina nos da fe de su buen carácter y sus amorosas formas para con la familia, como también lo hace Silvia, su hija. En plena fiesta al ver llegar a la esposa de uno de sus nietos no pudo hacer más que decir con toda tranquilidad: “quién no tuviera 20 años menos”. La carcajada de todos los presentes no se hizo esperar, mientras él, bebía ron del vaso que sostenía en la mano porque “tengo derecho a festejar mi cumpleaños, ¿no?”.

Apoyado de un bastón se para en el portal con porte de dueño de casa, posa para las fotos de familia, da argumentos y extiende sus relatos a partir de las pocas preguntas que me atrevo a hacerle, pues me cuesta un poco tener que hablarle fuerte al oído.
Elpidio sobrevivió a 7 de sus hijos, vivió en Nuevitas, Camagüey; en el Central Venezuela, en Ciego de Ávila; en varios lugares de su natal Guantánamo y siempre fue un hombre de trabajo.

Le gusta estar muy aseado y arreglado, duerme toda la noche sin dificultad, se alimenta bien y no necesita demasiadas referencias para recordar muchos nombres de tan extensa prole.

Elpidio es otro de los guantanameros que supera la esperanza de vida en Cuba que para los hombres es de 76 años y eso es una garantía que también le han dado los suyos y el equipo multidisciplinario de atención al adulto mayor en el policlínico Asdrúbal López en el sur de la ciudad.

Con sus 113 bien cumplidos, superó tres accidentes. Luego de uno de ellos le pronosticaron los médicos viviría como vinieran los días y la mitad de la vida que le tocaba. Elpidio cuando lo recuerda sonríe, y es como si dijera para sus adentros, al más puro estilo de su tocayo Valdés: eso habría que verlo.

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2 comentarios

Archivado bajo Cuba, Más, Sociales

2 Respuestas a “¡Eso habría que verlo, Elpidio!

  1. diseannika

    Gracias por tan lindo relato de vida, lo compartimos!

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