Santiago, noviembre 30 de 2013

Es 30 de noviembre igual, pero diferente. La misma loma del Intendente está allí, con los escalones de Padre Pico a sus pies. Ahora los vecinos conversan y en la entrada de la construcción pintada de amarillo hay flores. Una mesa de dominó acompaña en la bajada por la peculiar escalinata. ¡Cuántas de estas no harían falta en más de una calle de Santiago!, digo y pienso en las pantorrillas que duelen y el esfuerzo que te hace llegar jadeando a la cima.

Mami fue la de la idea. A plena tarde nos invitó a salir de casa de mi hermana a recorrer las calles de Santiago de Cuba, que te susurran historias por todos lados.  A cada paso  una tarja recuerda un hecho, una hora, un minuto, una acción, una vida perdida y lanzada a la inmensidad del recuerdo eterno.

Los muros iguales, la gente de todos los días y la historia única. Yo joven, mi hermana y mi cuñado también. Tanto como ellos, los de entonces de verde olivo, en la espera y al apoyo de un desembarco de esperanzas.

Frank es un nombre lindo -me digo. Fue una tarde apacible, cálida pero no tanto, y sin los gritos de la metralla, ni los rifles vomitando fuego; sin aviones sobrevolando la ciudad, sin asesinatos, sin dolor… No corre el año 1956.

Es 30 de noviembre y estoy en Santiago. La Loma del Intendente tiene una buena vista desde el mirador del balcón de Velázquez. Hago una foto.

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2 comentarios

Archivado bajo Cuba, Más

2 Respuestas a “Santiago, noviembre 30 de 2013

  1. Y la foto? Buen post, es cierto que en Santiago la historia te sale al paso en cada esquina, no solo en las tarjas y monumentos que te invitan al recuento, sino en el mismo aire de una urbe que no por gusto llaman Ciudad Héroe.
    La loma del intendente se encuentra bien posicionada, con una parte vieja y arrugada de la ciudad a los pies, y una porción de la bahía que dejan a su espalda las altas montañas de la Sierra Maestra, otro espacio lleno no solo de historia, sino de muestras palpables (escuelas, consultorios, y otros servicios antes imposibles en esas serranías) de la grandeza del proyecto que se construye hoy como continuidad y legado de lo que trataban de alcanzar aquellos que derramaron su sangre en las calles y lomas del Chago, o en cualquier rincón de toda Cuba.
    Un beso pequeña, espero el próximo post.

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